¿En qué momento pasó eso?

Hoy estuve pensando en mi forma de ser y en por qué —a pesar de ser arquitecto— me cuesta tanto imaginar posibles escenarios cuando veo una película.

Hace unos días me junté con un par de amigos
a ver una película que nos llamó la atención.

Yo, como siempre, me senté en silencio y me metí en la trama:
vi cada detalle, escuché cada diálogo, noté cada escena.

A mi lado, uno estaba con su teléfono
—seguramente haciendo algo “más importante”—
y soltaba frases como si hubiera visto la película cien veces:
“Seguro este es tal cosa…”
“Ahora falta que este haga tal otra…”

La otra persona sí estaba “atenta”, pero no al presente.
Mientras la película avanzaba, ella ya estaba tejiendo conspiraciones,
prediciendo destinos, armando multiversos como si fuera Dr. Strange.

En lugar de ver la película —que para eso estábamos ahí—
uno se volvió crítico de cine
y la otra, guionista premiada.

Al comienzo pensé:
“Carajo, qué habilidad para inventar escenarios.”

Pero al minuto me di cuenta de que no le achuntaban ni una.
La trama siempre se iba por otro lado.
El presente otra vez ganándole a la fantasía.

Al final dejé de escucharlos.

Volví a mi silencio.
Volví a la escena.
Volví al momento.

Días después, hablando de cualquier cosa con ellos,
mencioné una escena en particular de esa película.

Uno preguntó: “¿En qué parte pasó eso?”
—Obviamente no vio ni mierda—.

La otra sí recordaba la escena…
pero había visto algo completamente distinto a lo que vi yo.

Y ahí me cayó la pregunta:
¿Cómo carajos es posible que dos personas vean algo que “es lo mismo”,
pero vivan experiencias tan distintas?

Hoy lo entiendo así:
La realidad es neutra.
No vemos las cosas como son.
Vemos las cosas como somos.

Lo que llevas dentro
—tus creencias, tus costumbres, tus heridas, tus miedos—
es el filtro que define tu mundo.

Para mí, descubrir eso fue un hallazgo gigante.
Por eso lo dejo escrito aquí.