El año se me pasó volando

Ahora venía pensando en la frase que se repite por todos,
con un tono que pareciera orgullo, pero no logro identificar finalmente.

Tal vez sea orgullo por haber hecho tantas cosas “importantes” en el año que ni les alcanzó el tiempo de vivir. Ni les alcanzó tiempo de crear verdaderos recuerdos en sus vidas.

—“El año se me pasó volando” —escucho a cada lado que volteo.

Hace un tiempo estaba en una reunión con unos amigos y uno de ellos comentó una anécdota de su infancia que me dejó pensando en lo que hoy escribo.

Nos contó que cuando era joven, en el colegio los “obligaban” a escribir en su diario. No era como un ejercicio introspectivo -qué introspección podría tener un chibolo de 13 años- era mas bien una obligación. Lo que se conoce en el colegio como una “tarea”.

El contaba —con tono algo incómodo— que le molestaba hacer esa tarea por que no tenía las suficientes anécdotas en el día como para poder escribir toda una hoja en su diario.

Mientras tanto, sus compañeros escribían cualquier cojudez sin sentido solo para que la hoja se vea llena y les den una buena calificación.

Incluso otros ni si quiera “escribían” como tal, sino que hacían cualquier garabato en el papel para que parezca que habían cumplido con el encargo. Y es que el profesor no leía el contenido que se había escrito ahí. Solo lo miraba de lejos para ver si habían hecho el trabajo que les pidió.

Esta anécdota me dejó algunas preguntas rebotando en mi interior:

¿Por qué creemos que lo que tenemos que escribir tiene que ser solo las maravillas de nuestro día?

¿Qué pasa cuando “toca” escribir pero ha tenido un día de mierda?

¿Dónde queda almacenada toda esa vaina que no mostramos al mundo, ni si quiera en letras?

Hoy escribo esto porque tuve la suerte de descubrir en las letras, una válvula de escape para mis propias emociones.

Un espacio donde no tengo que aparentar nada.

Un método simple para ordenar mis pensamientos y ver con claridad lo que llevo dentro.

Si me lo permites, quisiera dejarte una recomendación:
Cuando quieras volver al presente y dejar de lado tu ansiedad por un momento, escribe a mano solo 15 minutos todo lo que te pase por la cabeza. La única condición es que tu mano no deje de moverse durante esos 15 minutos.

Te aseguro —sí, te lo aseguro— que haciendo esto por algunos días, vas a poder encontrar algo muy valioso: tu propia verdad.