El ritual del Choclo Invertido

He pasado por muchas técnicas prometedoras.

Me han alineado los chakras…
Me han despertado el Kundalini…
Hasta me han pasado el quirquincho.

Y si aun no he ido a un retiro espiritual en Bali es porque me quedó corto el presupuesto.

Durante años estuve buscando la piedra filosofal: algo que se lleve todos mis problemas de una vez por todas —así, como por arte de magia—, pero a pesar de mis esfuerzos, la vida seguía trayéndome lo mismo. Una y otra vez.

Hasta que un buen día, mientras perdía el tiempo en redes, me apareció un ritual que prometía romper todos mis bloqueos energéticos.

El tipo que lo explicaba parecía ser la mismísima reencarnación de Jesús —¿cómo carajos no creerle?—. Y fue gracias a ese momento que por fin me llegó la bendita iluminación.

El ritual tenía una serie de pasos algo… raros, pero mi desesperación en ese momento pudo más que mi necesidad de entender. Así que le di una oportunidad y me mandé a intentarlo.

El ritual decía lo siguiente:

  • En una olla de barro pequeña pon a hervir un litro de agua destilada,
    junto con una rama de canela entera y tres clavos de olor (con cabeza).

  • Acto seguido, pon a sancochar una mazorca de maíz entera mientras recitas tres veces en hebreo: «Soy abundante y todos mis problemas se han resuelto.
    Gracias, Gracias, Gracias.»

  • Luego inspira profundamente en cuatro tiempos y, mientras exhalas en seis, agarra un plumón indeleble y cuidadosamente escribe estos números en cada diente del choclo hervido: 8 6 3 4 5.

  • Déjalo reposar en una fuente de plata a la luz de la luna hasta el día siguiente y por la mañana, ni bien abras los ojos, vas caminando de cabeza hacia donde lo dejaste, aguantando la respiración.

  • Cuando lo tengas frente a ti exhalas con todas tus fuerzas, como si fuera tu verdadero último aliento y en ese mismo instante le das un buen mordisco a la mazorca mentalizando lo siguiente:
    “Todos mis problemas se han ido. Hecho está”

Te confieso que ya estaba hirviendo mi choclo, pero cuando fui a buscar el plumón indeleble no lo encontré. Lo busqué por toda la casa y nunca apareció.

Entré nuevamente a ver el video para ver los comentarios —a ver si por ahí encontraba alguna alternativa que me ayude a continuar— y fue ahí que encontré algo que me dejó helado.

Un comentario decía:
Jesús, hice todos los pasos al pie de la letra pero cometí un error al final. En lugar de decir “hecho está” dije “está hecho”… Quería saber, por favor, si tengo que comenzar todo nuevamente o así también podría funcionar.

Yo estaba leyendo esto con el teléfono en una mano y mi choclo hervido en la otra.

En ese preciso instante no supe si reírme o llorar.

Me sentí tremendamente incomodo al verme ahí parado pensando que un choclo hervido lleno de números iba a actuar como por arte de magia sobre todos mis problemas.

Me empezaron a caer encima una serie de preguntas incómodas —como baldazos de agua fría—.

Mientras me quemaba la mano sosteniendo el choclo aun caliente, me pregunté:

¿A cuántos gurús más tengo que seguir antes de hacerme responsable de mi propia mierda?

¿Qué es más absurdo: el ritual del choclo invertido o mi esperanza de que algo mágico me saque de esta situación sin que yo cambie un carajo?

¿Te has dado cuenta que el ritual no es lo ridículo, sino que lo ridículo es pensar que no puedes vivir sin él?

Y fue ahí que lo entendí:

No necesito más rituales.
No quiero espiritualidad con escarcha.
Solo quiero dejar de sentir esta incomodidad.
Pero me da tanto miedo mirarlo de frente, que prefiero escribirle los números al choclo.


Todos necesitamos creer en algo. Y en este mundo hay de todo.

Hay quienes van a templos y adoran imágenes…
Hay quienes hacen rituales y se cuelgan piedras…
Cada quien cree en lo que quiere y eso está bien —para eso nos dieron libre albedrío—. El problema empieza cundo crees que algo externo tiene control sobre ti.

La vida me enseñó algo simple:
Muchos de nuestros problemas no están “afuera”.
Muchos nacen en la mente.
Y se quedan viviendo ahí.

Así que déjame decirte algo: Si crees que necesitas otro ritual para poder continuar con tu vida, pues… ¡no es así! Solo necesitas ser honesto contigo mismo. Y eso —lamentablemente—, no se compra, no se aprende en un curso, ni te lo da ningún gurú.

Eso solo lo puedes hacer tú.