Hinchas de su propia división

07 de junio de 2026.

Una vez más, la suerte del país está en nuestras manos.

Hoy se decide quién será el nuevo presidente del país.
Esa persona que dice poder acabar con todos los problemas del Perú.
Que promete darnos todo lo que siempre soñamos a cambio de nuestro voto.

Esta vez se tuvo que elegir entre 35 candidatos presidenciales.
Sí, escuchaste bien… ¡35!

Yo me pregunto:
Esas alianzas que se ven en este momento, en donde muchos de esos candidatos se unen para incitarnos a votar por alguno de esos dos «finalistas»… digo, ¿no pudieron darse en un primer momento?

Si pueden juntarse para decirnos por quién votar a estas alturas…
¿no pudieron juntarse para conversar sobre sus planes de gobierno y lanzar a un único y mejor candidato, si lo que quieren es ver crecer a su país? ¿O será que lo que realmente quieren es inflar el pecho y decir: «Yo gané»?

Muchas veces toca usar nuestro derecho al voto para elegir entre opciones que no nos representan. Y a veces ese derecho se convierte en una obligación para defender una de esas dos opciones. Casi siempre terminamos usando nuestro «libre albedrío» para elegir entre las opciones de Guatemala y Guatepeor.

Lo más curioso de todo esto es que hay gente que termina defendiendo a candidatos que decía odiar, solo por el hecho de que quieren ver perder al otro. Sí… así, tal cual. No defienden una postura ni un plan de gobierno. Simplemente toman partido porque quieren ver perder al que no les gusta.

Así funciona mi querido Perú.

Alguna vez escuché una frase que resume muy bien todo esto:

«La gente te quiere ver bien. Pero nunca mejor que tú.»

(Sin comentarios…)

Siempre escuché que, si uno no quiere problemas, no debe hablar de política ni de religión. Sin embargo, a mí me encanta hablar de estos temas.
No porque quiera atacar a nadie ni mucho menos… solo me gusta entender el porqué de las decisiones de la gente.

Nunca he entendido por qué las personas terminan convirtiéndose en hinchas aférrimos de algo que ni siquiera los representa. Terminan siendo como esos locos que se insultan —y hasta se matan— unos a otros porque dicen ser de Alianza o de la «U».

Bueno, dicen también que cada quien elige sus batallas, ¿no?

Y es por eso que escribo esto.

Mi batalla no es política ni religiosa…
Mi batalla es contra la estupidez humana.

Veo gente enfrentada por defender ideas que ni siquiera son suyas.
Veo familias divididas por una puta opinión política.

Yo entiendo que todos necesitamos soltar nuestra frustración de alguna manera.
Y también sé que vivir en Lima no es nada fácil, pero terminar atacando a tu familia, a tu amigo o a tu vecino solo porque no piensa igual que tú, eso sí es algo que francamente me parece una tremenda estupidez.

En estas elecciones yo no he podido votar. Decidí dejar mi vida y mi país hace un año para buscar un mejor futuro. Y aquí estoy… lejos de mi familia y de mis amigos. Lejos de todo lo que construí por 36 años, viendo cómo se sacan los ojos simplemente por querer que el otro pierda.

¿Cuándo será que aprendamos a vivir como gente?
¿Cuándo será que podamos expresar nuestra opinión sin ser atacados?
¿Cuándo será que empecemos a crear la vida que siempre soñamos?