Qué bien se siente sentir.

Que curioso que algunos llamen “personas” a esos seres sin alma que deambulan entre nosotros.

Yo pasé mucho tiempo siendo uno de ellos.
Me convertí en un hombre fuerte que no lloraba.
En una estatua viviente sin emociones, que aprendió a mostrar los dientes frente a la cámara cuando alguien gritaba: “¡Foto!”.

Aprendí a aperentar que mi vida era perfecta.
Aprendí a aperentar que todo está bien.

Recuerdo esos días en donde la familia se reunía y me saludaba con el típico:
—Hola. Cómo estás?

A lo que yo respondía:
—Ahí… pasándola.
Porque realmente eso estaba haciendo.
Me dedicaba a sobrevivir en lugar de vivir.

Recuerdo claramente sus respuestas:
— Y por qué dices eso?
Eso no se dice.
Tienes que decir que estás bien. Siempre.

En mi camino de autoconocimiento me cruce con muchas técnicas y herramientas prometedoras.

Lo curioso es que una de ellas (el Diseño Humano) me recomendó algo parecido:
”Espera a que pase la ola emocional” —decía.

Yo me pregunto:
¿Por qué carajos tengo que ocultar mis momentos de frustración?
O, por el contrario, ¿por qué no puedo compartir con otros mis más grandes alegías?

¿Por qué carajos solo puedo actuar cuando estoy “en mi centro”?
Cuando mis emociones se vuelven planas, silenciosas… y sin sentido.

MI vida siempre ha sido un sube y baja emocional.
Una montaña rusa de estados de ánimo.

Y si algo he aprendido en todos estos años, es que no quiero convertirme en un puto robot sin alma. No quiero ser alguien incapaz de expresarse libremente.

Si algo he aprendido en todo este tiempo es esto:
Qué bien se siente sentir.